¿Creará tendencia? PT vende su red de fibra



Es la tendencia más pujante en el sector; la moda de la época. La supravaloración de las infraestructuras por encima de todo. Incluso por encima de tener – o no tener- clientes.

La obsesión comenzó allá por 2013, con el inicio de una serie de acuerdos para la compartición de torres entre operadores en todo el mundo (algunos de ellos puestos en duda recientemente por la Unión Europea). La llegada del 5G (que seis años después aún es un ejercicio teórico), y las ingentes inversiones que supondría en forma de nuevas antenas, empujaba a las operadoras a juntar fuerzas, optimizar despliegues y minimizar riesgos.

Estos primeros momentos colaborativos elevaron el tono cuando se inició la venta de emplazamientos, tanto a empresas externas (operadores neutros, como Cellnex) como mediante la creación de filiales independientes separadas de la matriz principal. La experiencia de la compartición de torres se convirtió entonces en un puro negocio: la extracción de infraestructuras desde las configuraciones tradicionales a nuevos entes empresariales podría traducirse en la entrada de nuevos inversores, y por tanto, en dinero fresco, algo muy poco corriente en el depauperado sector de las telecomunicaciones. Poco tardaron en llegar la acumulación de nuevos activos alrededor de estas empresas, añadiendo cables submarinos, centros de datos y cualquier otro elemento que pudiese aumentar su valor.

Los dos mejores ejemplos de que cómo esta tendencia está comenzando a acaparar el foco de nuestro sector se encuentran en Portugal y en Nueva York.

La primera está protagonizada por Altice, el fondo luxemburgués propiedad de Portugal Telecom (PT). Su altísima deuda, fruto de una desaforada expansión a base de compras por todo el mundo, le obligaba a tomar decisiones contundentes si quería ser viable. Y al calor de cómo se comportan los mercados, decide poner en venta la red de fibra de PT, una de las más capilares y extensas de Europa.

Después de varios meses de negociación con diferentes oferentes, Altice vende el 49,99% de la red de fibra de PT por 1.500 millones de euros a Morgan Stanley; recordemos, una entidad financiera dedicada a la banca de inversión y a la especulación bursátil. El primer ejemplo en Europa está ya sustanciado: la primera experiencia de venta de una red de fibra óptica comienza su andadura.

Mientras tanto, en Nueva York, McKinsey, una de las consultoras de referencia del sector a nivel mundial, se preguntaba, quién sabe si capciosamente: ¿pueden crear las empresas de telecomunicaciones crear más valor separándose? El informe, digno de un manual sobre cómo hacer atractivo el troceo de empresas, comienza con una significativa afirmación: A veces, el todo es menor que la suma de sus partes. Si Aristóteles levantase la cabeza…

La confluencia de ambos hechos, junto con la entrada de multitud de empresas dedicadas al capital riesgo (Asterion, Macquaire Capital, Portobello, Abardeen Standard), son la principal consecuencia de la profunda crisis bursátil que mina la viabilidad de las operadoras de comunicaciones, que coincide con un momentum histórico de máxima necesidad inversora (5G, fibra).

Pero, ¿está justificado el valor que están obteniendo las infraestructuras pasivas en empresas separadas? ¿cómo es posible que un operador neutro sin clientes finales minoristas valga más que la suma de Telecom Italia y KPN?

La evidencia nos demuestra que la separación de infraestructuras no aporta beneficio alguno. Al contrario, la única experiencia de gran operadora con una Separación Estructural, BT en el Reino Unido y su filial Openreach, ha resultado ser un desastre en términos de inversión y expansión de nuevas tecnologías. De hecho, si por algo se distingue UK es por su atraso en nuevas tecnologías. En términos laborales el resultado aún es peor: segmentación del empleo y de las condiciones de trabajo y un incremento innecesario de las tensiones sociales.

Por tanto, no nos encontramos ante un movimiento estratégico obligado como parte de la evolución de un sector, sino ante la presión de ciertos actores para alimentar un mercado especulativo para interés de unos pocos.

Y aquí es cuando se precisa de una regulación sectorial fuerte que obligue a todos los actores a volver al sitio del que nunca debimos salir: de la competencia en infraestructuras y servicios, pero bien entendida, no como lo están interpretando los mercados bursátiles.

Estamos asistiendo a reacciones irracionales por parte de los inversores, que proporcionan a las infraestructuras pasivas de un valor exagerado si se contemplan de forma aislada. Así, no tiene sentido valorar más a aquellas empresas que solo tiene infraestructuras pasivas sin clientes finales adheridas, que aquellas que cuentan con millones de líneas y usuarios. No tiene sentido que los mercados premien con miles de millones a compañías que únicamente poseen cables y torres, sin clientes, mientras penalizan a aquellas empresas que dotan al sistema de sentido económico, competitivo y empresarial. Las primeras son compañías insostenibles sin clientes que las usen y paguen por su uso. Las segundas, son entidades verticales con pleno sentido económico y financiero.

La excusa de que el 5G necesitará duplicar y triplicar el número de repetidores no justifica tal anomalía. Sólo el desembarco de fondos inversión caracterizados por su virulencia a la hora de lograr beneficios, puede explicar esta situación. Las pérdidas en el valor bursátil de las principales telecos del mundo, junto con la necesidad de acumular nuevas infraestructuras para afrontar los despliegues del 5G y de las redes FTTH, está siendo empleada por estos fondos para especular y crear burbujas artificiosas y artificiales. Si a esto se le añade como se ha ido suprafinanciando a los operadores low-cost, regándolos de millones para que puedan hacer un hueco consolidado en el mercado, tenemos ante nosotros una tormenta perfecta contra los intereses de los trabajadores y trabajadoras de este Sector.

Pero esta dinámica es insostenible a medio plazo. Ni dichas empresas low-cost son sostenibles con semejante nivel de deuda (ya hemos vivido casos similares, que acabaron fagocitadas en otras empresas) ni es posible que los operadores neutros sigan valiendo más que los que tienen el auténtico valor de una empresa: clientes.

Por ello, es fundamental volver a poner pies a tierra. Resulta prioritario que reguladores y empresas se pongan de acuerdo para cambiar la fisonomía de nuestro sector. Necesitamos operadores fuertes y diferenciados; que presenten ofertas que fidelicen a nuestros clientes bajo parámetros de alta calidad del servicio y mucho valor añadido. Por eso son tan importantes los contenidos y la diversificación de servicios (domótica, sensorización, seguridad cibernética y cualquier otro que aporte más valor a la oferta). Es fundamental, imprescindible, diferenciarnos, ser potentes gracias a la integración de estos nuevos servicios, proporcionados a través de infraestructuras de primer nivel.

Porque si no volvemos a esta senda de la competitividad en calidad, infraestructuras de vanguardia, contenidos y servicios, acabaremos sucumbiendo a las burbujas especulativas que tanto ponen en peligro nuestro empleo.

UGT Comunicaciones

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